Guerreros

Entre charlas, té, recomendaciones de comidas y disfrutando algún que otro cigarrillo, un grupo de campesinos excavaba en busca de agua a las afueras de la aldea Xiyang. El agua que da vida los condujo a desenterrar un cuerpo inanimado de terracota de forma y tamaño humanos. Se trataba de un acontecimiento completamente inesperado, aunque esa figura, con lanza en mano, simulaba haber estado aguardando pacientemente por sus peones con palas en la silenciosa oscuridad del entierro.

Era 1974, la primavera se olía en la brisa que impulsaba a las mariposas a volar creando formas geométricas. Los ancianos de la aldea temían ser víctimas de una maldición y oraban en grupo. El soldado de terracota se mantenía impávido mientras sus colegas eran desenterrados por orden de Mao.

Dos años más tarde, el selecto ejército de Qin Shihuang, con la mirada de satisfacción que solo los que han cumplido con su trabajo por más de dos milenios son capaces de expresar, traía nuevamente a la vida al primer emperador de la China unificada a través de los medios de comunicación.

Observar a ese grupo de guerreros es un espectáculo imponente, de una majestuosidad imperial. Más de 8.000 figuras de terracota, lanzas, carros, caballos, arcos y flechas. Los pies incluso comienzan a temblar levemente tras unos minutos.

Pero he aquí una advertencia: jamás debe uno atreverse a mirar al defensor de piedra directamente a los ojos por un tiempo prolongado o se verá atrapado en el trabajo de salvaguardar al emperador y contar esta historia a los lectores hasta el fin de los días.

1 comment

  • dioscorides 25 April, 2016

    Asi es la maldición. Yo los mire a los ojos dos veces y tuve que escribir un libro Los suenos del emperador Qin Shi huangdi (Editorial Universidad NAcional de Colombia) para poder conjurarla. Me gustaría leer su relato.

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