Guerreros

Entre charlas, té, recomendaciones de comidas y disfrutando algún que otro cigarrillo, un grupo de campesinos excavaba en busca de agua a las afueras de la aldea Xiyang. El agua que da vida los condujo a desenterrar un cuerpo inanimado de terracota de forma y tamaño humanos. Se trataba de un acontecimiento completamente inesperado, aunque esa figura, con lanza en mano, simulaba haber estado aguardando pacientemente por sus peones con palas en la silenciosa oscuridad del entierro.

Era 1974, la primavera se olía en la brisa que impulsaba a las mariposas a volar creando formas geométricas. Los ancianos de la aldea temían ser víctimas de una maldición y oraban en grupo. El soldado de terracota se mantenía impávido mientras sus colegas eran desenterrados por orden de Mao.

Dos años más tarde, el selecto ejército de Qin Shihuang, con la mirada de satisfacción que solo los que han cumplido con su trabajo por más de dos milenios son capaces de expresar, traía nuevamente a la vida al primer emperador de la China unificada a través de los medios de comunicación.

Observar a ese grupo de guerreros es un espectáculo imponente, de una majestuosidad imperial. Más de 8.000 figuras de terracota, lanzas, carros, caballos, arcos y flechas. Los pies incluso comienzan a temblar levemente tras unos minutos.

Pero he aquí una advertencia: jamás debe uno atreverse a mirar al defensor de piedra directamente a los ojos por un tiempo prolongado o se verá atrapado en el trabajo de salvaguardar al emperador y contar esta historia a los lectores hasta el fin de los días.

Fiesta en Pionyang: Cómo pasarla bomba en Corea del Norte

Cuando se piensa en aprovechar las vacaciones para aliviarse del estrés, para descargar esa mochila tan pesada repleta de quehaceres propios de la rutina laboral y olvidar los malos ratos que nos tragamos a cántaros con trámites, gente incomprensible, taxistas o malversadores, seguramente Corea del Norte no sea la primera opción en nuestra lista de sitios para buscar esa relajación que mente y cuerpo piden a gritos. Pero, si le damos una oportunidad a la República Popular Democrática de Corea, podemos pasarla realmente muy bien.

Aprovechando mi estancia en Beijing, capital de China, me embarqué en un tour ofrecido por la empresa Young Pioneer Tours. Partí en busca de secretos a develar, pensando en levantar alfombras y sacudir el polvo, soñando con desenterrar huesos y vaciar placares llenos de esqueletos con carga atómica activa.IMG_4201[1]

Me trasladé a Dandong, al norte de China, y desde este punto crucé la frontera en tren hacia el tenebroso Reino de Kim. De camino vi un puente inconexo, un señor paseando a sus patos por la pradera y pescadores pasando el rato en cuclillas sobre lagos y ríos congelados.

Nos recibieron dos guías lugareños, sonrientes y radiantes como el sol norcoreano de las tres de la tarde. Vamos al hotel. El olor a desinfectante, casi tangible, daba la bienvenida y destacaba las cinco estrellas del alojamiento. Un corte de luz también nos recibe.

Tomamos el ascensor, se corta la luz nuevamente. Tengo miedo. La electricidad regresa y el elevador demora unos minutos más en reiniciar el sistema. Salimos de esa trampa y la luz nuevamente se va, casi a la velocidad que Einstein comprobó que la misma posee. Con mi compañero de cuarto oscuro, un inglés, reímos. Claro, sobrevivimos.

IMG_4538 Hace frío, porque es invierno y ya que la calefacción simula no estar encendida. Las camas en nuestros cuartos cuentan con mantas eléctricas, para suplir la falta de otro método para generar calor. Nada mal.

Vamos al bar del hotel, los guías están ya algo entonados y brindando con su tercera o cuarta cerveza. Es un hombre de unos 40 años, el Señor Song. A su lado está su compañera, algo tímida y de unos veinticinco años, la Señorita Song. Ninguno ha tenido la oportunidad de salir de su país, por falta de tiempo. En la barra de ese bar, una jovencita sirve los tragos. Mis pies helados me obligan a pedir un té. Luego sigo con cerveza y vodka.

-¿Te ponen las coreanas?- dice un desubicado. No respondo más que con una risita, pero acepto que esas féminas tienen algo, un rasgo militar que realza sus encantos naturales.IMG_4525

Con la chica en la barra tengo un diálogo de sonrisas y una conexión de simpatía, le enseño cómo se hace una rosa con servilletas de papel y se ruboriza.

Es el cumpleaños de uno de los chicos y el Sr. Song ofrece la sala de Karaoke para celebrar. Bebidas, risas, chistes. Es una de las noches más divertidas de mis últimos tiempos. La Srta. Song canta My Heart Will Go On, imitando el estilo de Celine Dion. La electricidad viene y va, pero el efecto del alcohol es cada vez más notorio. Creo que los guías están algo pasados de brebajes etílicos, ríen a carcajada limpia y cantan sin parar. En algún momento nos fuimos a dormir.

Los días siguientes recorrimos Pionyang, la capital de esta Corea. Es de destacar el Museo de la guerra de liberación, que muestra la gloria del pueblo de Kim y a su vez expone en sus afueras al Pueblo, un barco estadounidense que está aún en posesión del gobierno norcoreano.

Leo un diario, es el año 105 según de la era Juche. Esa filosofía que todo lo sabe, la Juche, le da el poder al hombre y lo hace responsable de sus acciones. De alguna manera Descartes colaboró con este país. Reviso nuevamente la fecha para asegurarme de que no estamos en 1984.IMG_4412

Veo las fotos de los líderes por todos lados, pero no noto la presencia de cámaras de vigilancia. No se puede imitar la pose de los Kim al tomar una foto, no se pueden doblar las publicaciones gráficas que muestren a los líderes, no se puede tomar fotografías de los líderes que no sean de cuerpo completo. Líderes, todo lo que se refiera a ellos es sagrado.

Nuevamente un bar, en otra locación. Nos sirven cervezas artesanales. Es todo muy barato. Otra vez en su estado de ebriedad, escuchamos al Sr. Song hablar de su familia, de su padre, de su hijo, de sus problemas con el tabaco y el alcohol. Evadiendo preguntas, expone su conocimiento sobre el mundo exterior. Sabe mucho del planeta que nunca visitó y cuenta historias de nuestras tierras al estilo de Julio Verne.

Al día siguiente, antes de marcharnos, viajamos en metro. Apenas vemos dos estaciones, esas que algunos dicen que les dijeron que son las únicas que existen. La explicación es que no tenemos tiempo suficiente para testificar más.

IMG_4643Nos subimos al tren que nos alejará de esas tierras de placer. Recuerdo que la noche anterior la Srta. Song me narraba la historia de una pareja de suizos que hacía unos años visitaron Corea del Norte en su luna de miel. Iban a la playa y la convidaban con bebidas de todo tipo. En ese momento, me sonríe y se quita las gafas. Luego de unas copas más me cuenta todos sus secretos, pero los que guarda su país siguen siendo aún un misterio. Seguimos con cervezas en el viaje de regreso a la China continental, allí el alcohol es mucho más caro.

  

El Diario de los Pueblos (amplía página 40 de Historias errantes de almas perturbadas)

 

Hubo un tiempo en que los hombres utilizaban piedras para lanzárselas unos a otros como forma de comunicar el odio mutuo. En otro momento de la historia, el hombre prefirió las armas de destrucción masiva.

Pero primero fue la palabra y, por esa razón, el Diario de los Pueblos nace como una alternativa en el mundo de la expresión humana. El odio hacia la raza humana es un requerimiento para los periodistas que escriben en esta publicación y el hecho de pertenecer a esa raza los hace vivir en un estado de masoquismo ideológico continuo.

Nótese que los trabajadores de El Diario de los Pueblos consideran que existe solo una raza, la cual debe ser despreciada partiendo desde su existencia.

Copyright © Mauricio Percara 2015