Bao Bao, un panda hecho en Estados Unidos

Por Mauricio Percara

Bao Bao parece no prestar atención al mundo de periodistas, cámaras y micrófonos que la reciben en su nuevo hogar. Desde su pequeña jaula, la que utilizan para transportarla hacia su nuevo hábitat, mastica unos trozos de bambú y mazorcas de maíz. El 22 de febrero de 2017, la llovizna eterna de Sichuan le da la bienvenida al hogar de sus ancestros, las voces del pasado se hacen eco en sus orejas peludas. Pronto, aprenderá a danzar bajo la lluvia.

En su condición de panda nacida en los Estados Unidos, Bao Bao es una extraña en su propia tierra. David Rank, el embajador interino de los Estados Unidos en China, dice “ella es tan estadounidense como yo”, y continúa explicando cómo un grupo de expertos norteamericanos trabajó en colaboración con sus pares chinos en el momento en que ese 23 de agosto de 2013 llegaba a este planeta la adorable criatura lampiña que luego ganaría en pelaje diseñado para filme de los años veinte del siglo pasado.

Por los ojos de Bao Bao pasaron los años de cuidadores alimentándola en el National Zoological Park de Washington DC. Hoy, en el centro de crianza para pandas de Dujiangyan, Bao Bao tímidamente se integra a un ambiente especialmente diseñado para su beneplácito, cien metros cuadrados de verdor y juegos, un área a puertas cerradas. Cuidadosamente, la liberan de la caja que servía para trasladarla con una pequeña grúa, se mueve lentamente, olfateando centímetro a centímetro todo a su alrededor.

En ese nuevo ambiente permanecerá, quizás, por el resto de sus días, tiempo en el que los trabajadores del centro le ayudarán en su adaptación al bambú local y a los bollos de pan elaborados a base de maíz, soja, arroz y huevos.

Se impregnan en su pelaje las gotas de la garúa sichuanesa por vez primera, mientras juega también por primera vez con su hasta entonces desconocida pelota de goma. Sus ojos reflejan el brillo de los rayos de sol que logran atravesar la gruesa capa de nubes. Camina, parece un poco confundida. Bao Bao no comprende aún los comandos en chino, por lo que seguirá recibiendo instrucciones en inglés por un tiempo. Debe adaptarse a un nuevo clima, a ciertos cambios en su alimentación y a nuevas personas tratándola con todo el cariño que el tesoro animal nacional de China merece. Antes que ella, once pandas nacieron en ultramar y retornaron a la madre patria, al origen de todo.

Las autoridades del sitio y sus pares norteamericanas descubren una placa que estaba hasta entonces cubierta con un paño rojo. Se ve ahora el nombre de la panda, revelando también su lugar de nacimiento, edad e historia de vida. Un grupo de voluntarios, observando tranquilamente, se ve sorprendido ante la llegada de tantos medios de comunicación. Entrevistados como estrellas, explican su experiencia como partícipes de un programa de trabajo de un día en la base de Dujiangyan. Un rumano cuenta que vino prácticamente por casualidad, en su visita a China durante un año sabático, luego rumbeará hacia India. Sonríe ante la cámara para sacarse la vigésima foto de la tarde. Mientras, una numerosa familia de holandeses, todos altos y rubios, narra su historial de trabajos de voluntariado por el mundo.

“Gracias por brillar en el mundo, pandas”, reza una esquela dejada por Lisa de Colombia. Este escrito comparte una pared colmada de papelitos de colores con mensajes en cientos de idiomas.

Cuando los reporteros se marchan, cuando la función termina, una respiración intensa y forzosa se oye cada vez más cerca, con más intensidad en el silencio del parque. Se cobija en un rincón, intentando alejarse de las miradas curiosas. Se trata de otro de los habitantes de la base, con una historia muy distinta a la de Bao Bao.

 

Rescate panda

Dai Li es uno de los pandas rescatados por el equipo de Dujiangyan, fue hallada en el bosque muy enfermo y herido por causas no determinadas. Dificultosamente, fue trasladado hasta el centro y tratado con todos los medios a disposición. Tras una intensa lucha de hombres en pos del animal, se tomó la difícil decisión de amputar una de sus piernas para salvar su vida. Hoy Dai Li se mueve en su espacio trabajosamente, supliendo la falta de una extremidad con las ganas de vivir y es vecino del popular Bao Bao, que destaca por su blancura extrema. Dai Li es un ejemplo de lo que hoy por hoy representa la lucha por salvar a los pandas, que ya no están en peligro de extinción pero siguen sin ser multitud.

Desde los tiempos de la dinastía Han del Oeste, se han preservado ejemplares de estas criaturas en cautiverio. El escritor Sima Xiangru, registró que los pandas gigantes eran los más preciados tesoros en el jardín de animales exóticos del emperador en Chang’an (actualmente Xi’an). Es que los pandas viven prácticamente el doble en cautividad, una esperanza de vida de unos treinta años en comparación con los quince que alcanzan en estado salvaje.

 

Enemigos de las nubes

En la frondosidad de su hábitat natural, el único depredador natural que poseen estos seres es la pantera nebulosa, animal que habita el sudeste asiático y que también lucha por su permanencia entre las especies no extintas, debido a la destrucción de su hábitat, la selva impenetrable que el hombre logra penetrar, deforestar y destruir. Es otra especie de características alucinantes y misteriosas. Con un pelaje cubierto de grandes manchas irregulares de color pardo y bordes negros, la pantera nebulosa se camufla entre las hojas y espera (o esperaba) a los pandas cachorros.

La coloración blanca y negra, que a simple vista resulta extremadamente llamativa, es una combinación ganadora al momento de ocultarse entre la espesa niebla del sur de China. Así el panda se protegió siempre de la pantera nebulosa; aunque no tanto del ser humano, que lo persiguió mucho más furtivamente.

 

Diplomacia del panda

Los pandas han cumplido el rol de embajadores, adoptados como la mascota no oficial de China. En 1972, Richard Nixon, el entonces mandatario de Estados Unidos, realizó una visita al gigante asiático con el fin de relanzar las relaciones entre ambos países.

El panorama entonces mostraba a la Guerra Fría en un punto bastante caliente, con Mao Zedong desarrollando la política china y el país norteamericano desgastando su ejército en Vietnam. En ese entonces, el escándalo de Watergate aún no había detonado.

Durante ese encuentro, las naciones intercambiaron obsequios muy llamativos. Los norteamericanos entregaron dos bueyes almizcleros, nativos de Alaska; China, a cambio, dio una pareja de pandas, Ling-Ling y Hsing-Hsing. Ese fue el origen de la “diplomacia del panda”, según The New York Times, aunque la tradición china de regalar estos animales a representantes del extranjero tendría registros muchos siglos atrás.

Actualmente, los pandas son rentados y no obsequiados a los países extranjeros por un total de un millón de dólares anuales, esta suma se utiliza para continuar con las labores de protección de la especie. Todo parece apuntar que tendremos cada vez más pandas, ergo más y más móviles registrando fotos y videos adorables en blanco y negro.

ORIGINALMENTE PUBLICADO EN REVISTA PUNTO.CN

Bao Bao en su nuevo hogar Bao Bao siendo trasladada Dali, un panda rescatado Embajador interino de los Estados Unidos

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