A Locución

El hombre primitivo inventó el habla, para que sus niños puedan un día gritar “mamá” al verse perdidos en la oscuridad de la selva, al estar hambrientos o meados. El hombre moderno creó la locución, para que sus niños dejen de lastimarse la voz con tantos gritos y empiecen a proyectar su instrumento de viento, a potenciar el uso del diafragma y a modular de maneras extremadamente extrañas y —por alguna razón— biensonantes. Y luego el hombre (ya locutor) descubrió un buen uso para el fuego y reunió a los locutores en un asado multitudinario cada 3 de julio. ¡Mamá!

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